Domingo de la Palabra de Dios

Papa Francisco levantando una biblia de color dorado
El Papa Francisco celebra el Domingo de la Palabra de Dios

Este año se cumplen 1600 años de la muerte de San Jerónimo, el gran traductor de la Biblia, que realizó la delicada tarea de transcribir la Escritura al lenguaje cotidiano de la época y “común” de la gente sencilla, para hacer así que la Palabra de Dios fuera accesible a todos. Su celo en favor de que la Escritura fuera comprensible al pueblo cristiano nace de la profunda convicción: «la ignorancia de las Escrituras es ignorancia de Cristo».

Con ocasión de este acontecimiento, el 30 de septiembre de 2019 el Papa Francisco instituyó el III domingo del Tiempo Ordinario como Domingo de la Palabra de Dios con la intención de que «haga crecer en el pueblo de Dios la familiaridad religiosa y asidua con la Sagrada Escritura». Un hito más en el camino de renovación abierto en seno de la Iglesia desde el siglo XIX y que culmina con el Concilio Vaticano II, en concreto con la constitución dogmática Dei Verbum que afirma «es necesario que toda la predicación eclesiástica, como la misma religión cristiana, se nutra de la Sagrada Escritura, y se rija por ella» (n. 21).

Son muchos los pasos que la Iglesia, animada por el Concilio, ha ido dando en las últimas décadas: revisión de la liturgia de la Palabra en la celebración de los sacramentos, publicación de numerosas traducciones y formatos (también digitales) de la Biblia, difusión de materiales para su uso en la pastoral, etc. Así, este deseo de la Iglesia de fomentar el conocimiento, aprecio y amor por la Escritura se vio reforzado también por la celebración del Sínodo sobre La Sagrada Escritura en la vida y en la misión de la Iglesia (2008) y la exhortación apostólica Verbum Domini (2010) del Papa Benedicto XVI. Con la exhortación apostólica Evangelii Gaudium el Papa Francisco completó esta intención —dentro de la evangelización— de impulsar la estima y de acercar a todos a los textos bíblicos.

En el camino personal de escucha de la Palabra de Dios nos acompaña la Madre del Señor, reconocida como bienaventurada porque creyó en el cumplimiento de lo que el Señor le había dicho (cf. Lc 1,45). La bienaventuranza de María es la condición necesaria de todas las demás. La Virgen María es dichosa «porque custodia la Palabra misma de Dios mediante la que ha sido hecha y que en ella se hizo carne» (San Agustín).

La intención del Santo Padre es que el domingo dedicado a la Palabra acreciente en nosotros su conocimiento y amor y, en consecuencia, ahondemos en ella con la meditación asidua y la oración personal y comunitaria, también dentro de la vida familiar. De ahí que haga hincapié en que, al igual que los primeros discípulos del Señor, también nosotros necesitamos atender a su llamada y escuchar su Palabra: «en medio de tantas palabras diarias, necesitamos escuchar esa Palabra que no nos habla de cosas, sino de vida».

«Leamos algún versículo de la Biblia cada día. Comencemos por el Evangelio; mantengámoslo abierto en casa, en la mesita de noche, dejemos que nos inspire diariamente. Descubriremos que Dios está cerca de nosotros, que ilumina nuestra oscuridad, que nos guía con amor a lo largo de nuestra vida», nos dice el Papa Francisco.

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