El cobertizo que alimentó a un millón de niños

portada libroEl cobertizo que alimentó a un millón de niños, la historia del nacimiento de Mary´s Meals, que garantiza una comida diaria a niños de cuatro continentes desde un pequeño cobertizo escocés. Magnus Macfarlane-Barrow nos narra las circunstancias milagrosas en las que nació esta organización benéfica a través de la historia de Edward, Atila, el padre Garry y tantos otros cuya vida, de alguna manera, cambió gracias a su misión.

«El pequeño Peter cayó enfermo. A medida que se volvía más débil, Lázaro tomó una decisión. Sabía que Mary´s Meals proporcionaba alimento no sólo en la escuela primaria, sino también en el parvulario para menores de seis años que se encontraba a casi un kilómetro de su hogar. Empezó a llevar a Peter allí todas las mañanas y, solo cuando se aseguró de que le alimentarían y cuidarían, él continuó su camino a la escuela, a donde llegaba tarde y cansado. Unas semanas atrás, Peter Nkata se había enterado de que los cuidadores del parvulario habían llevado al pequeño Peter al hospital y no estaban muy esperanzados de que pudiera sobrevivir. Las jornadas sin comida le habían pasado factura. Pero ahora, delante de nosotros, se encontraba el pequeño Peter sonriendo con ojos brillantes, y su hermano que lo salvó, a su lado […]».

«Recé a la Virgen para que intercediera por aquellos que estaban sufriendo […] y que pudiera también usar nuestros pequeños actos de bondad para hacer con ellos algo bonito […]».

«Aunque reconocía la necesidad de prepararnos para un mayor crecimiento, fortaleciendo nuestra organización de manera que pudiéramos continuar alimentando a un número creciente de niños, estaba preocupado por hacer algo que pudiera socavar nuestros valores. Me parecía difícil creer que estos consultores tan enérgicos, tremendamente respetados por hombres de negocios de mucho éxito en EEUU, fueran capaces de tomar en serio aspecto relacionados entre sí como nuestra aversión a establecer objetivos monetarios o nuestro deseo de reconocer que, en última instancia, no somos nosotros los que estamos al cargo. Supongo que también estaba un poco intimidado por la idea de trabajar con estas personas altamente cualificadas y con mucha preparación académica. La idea de que ellos se sentaran en mi cobertizo para discutir la estrategia con nosotros me avergonzaba un poco […]».