Foto del P. Luis, Siervo de Jesús.

El P. Luis A. Hernández Sandoval S. de J., ha sido nombrado Vicario Episcopal en la nueva diócesis de Azcapotzalco, Ciudad de Méjico. La Vicaría tiene 350.000 habitantes, atendidos por 29 parroquias y algunos institutos religiosos.

Tras su nombramiento como Vicario Episcopal, ¿cómo valora su nueva misión?

La valoro como un servicio que la Iglesia me confía a través del obispo. Una oportunidad para colaborar de cerca en la rica vida pastoral de la diócesis y en la atención a los sacerdotes.

¿Cuáles son los retos con los que se enfrenta?

Ayudar al Sr. Obispo en consolidar las diversas estructuras de gobierno y de pastoral, para prestar un mejor servicio espiritual a los fieles laicos. Lo cual supone, además de cuidar la vida sacramental y la catequesis, fomentar una seria formación del laicado en su presencia en el mundo, la atención a los más necesitados, la comunión de los distintos carismas y espiritualidades.

¿Cómo llegar más y mejor al corazón de sus feligreses?

Foto de la Parroquia de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos y San Antonio de Padua, Méjico

Interior de la parroquia de Ntra. Sra. de S. Juan de los Lagos y S. Antonio de Padua

No hay recetas ni criterios de eficacia humana. La mejor manera es con la santidad de vida. Que cada miembro de la Iglesia, dentro de su vocación y estado, intente vivir de verdad el evangelio. Respecto a los sacerdotes, los fieles desean ver, con los ojos de la fe, a Cristo en cada uno de nosotros. Y esto solo es posible si los servimos con auténtica caridad pastoral, entregándonos en nuestra vocación sacerdotal y religiosa, y si sintonizamos con sus penas y alegrías, sus problemas y sus esperanzas. Se trata de estar cerca y con amor.

Es también párroco de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos y San Antonio de Padua, dentro de su propia Vicaría. Cuéntenos un poco su labor allí.

Mi labor como párroco es muy clara: tengo como misión, junto con dos vicarios que también son sacerdotes de los Siervos de Jesús, ayudar a los feligreses a que vivan cada día con más verdad su bautismo en los diversos ambientes en que se desenvuelven. Que se tomen en serio lo que significa ser discípulos misioneros de Jesús. Esto implica una labor de catequesis, servicio sacramental, dedicación a oír confesiones, cuidado de la liturgia, enseñanza de la vida de oración, atención a la formación doctrinal y espiritual. Es lo que tratamos de potenciar en los distintos grupos que trabajan en la parroquia y a través de ellos en los demás fieles.

El regalo de las nuevas Constituciones de los Siervos de Jesús, ¿de qué manera afecta a su vida y misión?

Foto de la fachada de la parroquia de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos y San Antonio de Padua, Méjico.

Exterior de la parroquia

Las nuevas Constituciones son una bendición de Dios, porque ayudan a cada uno en su vida personal y comunitaria a vivir con mayor claridad y responsabilidad nuestra identidad religiosa y el carisma de nuestro Instituto. Para todos nosotros implica una sincera renovación espiritual que sin duda reverterá para bien en nuestras tareas en la parroquia.

Mirando su larga formación en los Siervos de Jesús, unos 13 años de estudio, y las distintas tareas encomendadas por los superiores, como formador, director espiritual de la Casa de Formación, párroco, etc. ¿qué es lo que más le ha ayudado para la nueva misión de Vicario Episcopal?

¡Son muchas cosas! Destaco en particular el sentir con la Madre Iglesia, que incluye el sentir con la Iglesia diocesana, con su pastor, el Sr. Obispo, y con el presbiterio. La formación que me ha dado mi Instituto me ha ayudado a vivir y a promover entre los padres diocesanos un auténtico espíritu de fraternidad sacerdotal. Además: el cuidado de la propia vida espiritual, la formación y criterios evangélicos para la misión, la riqueza de la espiritualidad ignaciana, la experiencia de dirección espiritual y un largo etcétera. Todo para dar gracias a Dios y al Instituto.

Y a partir de ahora…

Confiar en Dios y entregarme, con su gracia, a la misión. Lo cual no es posible sin la oración de todos, también la de ustedes.

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