La misión en Olanchito, Honduras

Nos acercamos a la misión de Olanchito, región muy antigua situada en el norte de Honduras, cuya extensión es de 2.197 km2, ¡una cuarta parte de la Comunidad de Madrid! Esta tarea evangelizadora fue asumida por los Siervos de Jesús en el año 2004, cuando la Diócesis de Tegucigalpa les entregó la Parroquia de San Jorge, que abarca todo este territorio, tras la marcha de los jesuitas después de más de un siglo de ejemplar evangelización allí.

En la actualidad esta parroquia se extiende a lo largo de los municipios de Olanchito y Arenal. Con una población aproximada de 100.000 habitantes, de los cuales unos 40.000 están en zona urbana y el resto en zona rural. Gran parte de la región carece de las más elementales condiciones de vida, como canalizaciones de agua, carreteras o luz eléctrica.

Un área tan extensa y montañosa dificulta la comunicación dentro de la parroquia, atendida solamente por tres sacerdotes: el párroco, P. Gilberto Chavéz, y dos vicarios, el P. Arturo Raygoza y el P. Pedro Hernández O´Hagan.

Siervo de Jesús de camino a un poblado en la montaña.
La labor fundamental de los Siervos de Jesús en Olanchito es la Evangelización. Para lo que cuentan con una emisora de Radio, el Colegio de la Inmaculada y un sinfín de iglesias y capillas. El P. Pedro nos decía que, a pesar de ser una zona muy pobre materialmente, son ricos en disponibilidad a escuchar la Palabra de Dios. En su breve testimonio nos cuenta cómo es la tarea evangelizadora allí:

“El campo de trabajo es muy amplio y se divide en dos partes: la atención al centro del municipio y la atención a la población rural (120 aldeas dispersas por las montañas y los ríos del Valle de Aguan). Tratamos de que la evangelización llegue a todos y contamos con una emisora de radio local por la que podemos transmitir la Misa en vivo todos los días, pero eso no sustituye las visitas a las aldeas. Constantemente vamos a la montaña por caminos en donde no entra ni siquiera un todoterreno. Para acceder a la aldea más lejana se precisan tres días a pie, a caballo o en mula. A pesar del cansancio, la vista de los paisajes de jungla y montaña son muy alentadores. No todo el trabajo se agota en el área rural, también estamos a cargo de un colegio en el municipio en donde hay casi quinientos alumnos, y de los grupos juveniles, las catequesis, los encuentros familiares… la lista es demasiado larga para ponerla aquí. Por estas partes hay muchas ovejas que apacentar”.

Según la Brigada Médica Americana –que periódicamente visita la misión de Olanchito– algunas de estas aldeas tienen hasta un 84% de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI), lo que supone un índice de pobreza alarmante. Aunque no todas las aldeas son igualmente pobres, en general el desarrollo es muy limitado.

Muchos niños poseen un nivel bastante alto de anemia y el nivel de educación es muy bajo. Por ello, los Siervos de Jesús realizan algunas obras de promoción humana: dispensarios médicos y dentales, atención sanitaria, alfabetización y formación profesional, ayuda a micro-empresas, reparto de comida y ropa, etc.

Escuela en Olanchito a cargo de los Siervos de Jesús.

Ana y Miriam fueron voluntarias en la misión de Olanchito cuando eran estudiantes universitarias. “Al principio, nos resultaba extraño la manera tan diferente que los hondureños tienen de vivir la religión, pero rápidamente aprendimos a disfrutar de su forma de vida entregada a la Iglesia. Nuestra tarea allí se concentraba en el colegio Inmaculada Concepción, donde al trabajar con niños veíamos sus realidades de la manera más limpia, como sólo te las puede mostrar un niño, con sencillez. Esa sencillez que te cala en el corazón sin apenas darte cuenta”.

La Parroquia de San Jorge, que comprende toda la misión de Olanchito, cuenta con 95 capillas distribuidas por todo el territorio, pero unas 25 comunidades aún no tienen capilla propia. También hay muchas capillas que necesitan remodelación porque son muy viejas, porque se dejaron a medias, o porque su tamaño resulta insuficiente a causa del crecimiento de la población.

Sin duda, queda aún mucho por realizar en esta zona que en medio de tantas necesidades, está sobre todo hambrienta de la Palabra de Dios.

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