La Pequeña Compañía de la Fundación Maior

hombres en traje jurando sobre un libro en la obra Corrupción en el palacio de justicia de Ugo BettiLa Pequeña Compañía de la Fundación Maior es un grupo de teatro aficionado. En las lecturas compartidas en la Escuela Maior este grupo de amigos descubrió que el teólogo Hans Urs von Balthasar amó especialmente el teatro, porque este arte interpreta el sentido de la vida misma, pero no mediante la reflexión, como hace la filosofía, sino a través de la acción. Paradójicamente, la escena que se representa revela algo significativo para todos, cuando es verdadero teatro. Siguiendo a Balthasar, los miembros pretenden descubrir y respetar la intención del autor sobre la obra para después asumir el papel de cada uno con libertad, siendo tarea del director mediar entre tantas libertades encontradas.

Elena Domínguez es profesora de educación secundaria en Madrid. Desde el año 2011 participa en La Pequeña Compañía.

¿Cómo surgió la idea de hacer teatro?

Acabábamos de terminar la Universidad, empezábamos la vida profesional. Teníamos algo de tiempo libre, y habíamos compartido muchas peregrinaciones y convivencias en torno a la capilla universitaria, en las que a menudo había que improvisar un número para la velada de la noche. Y después de esto, los seminarios de Escuela Maior. ¿Por qué no hacer teatro?, nos dijimos. Y entonces comenzamos a acudir con más frecuencia al teatro, a leer obras, a preguntar a nuestros conocidos si querían unirse. Pedimos ayuda al P. Ricardo Aldana, que nos dirigió inmediatamente, sin miedo, hacia los grandes autores dramáticos. El nombre tardó un poco… hasta que llegó: San Ignacio de Loyola decía que sus compañeros y él formaban la «mínima compañía del Señor». ¡Nosotros seríamos La Pequeña Compañía de la Fundación Maior!

¿Qué obras habéis representado?

Escena de boda de la obra "Nuestro pueblo" de Thornton

Comenzamos con dos piezas breves, muy cómicas, de Anton Chéjov, Aniversario y Petición de mano. Fue un regalo dar con ellas en ese momento. El gran teatro del mundo, de Calderón, fue el paso siguiente, un paso necesario, según Balthasar. Quizá la que más nos haya impresionado a todos haya sido Nuestro pueblo, de Thornton Wilder, aún nos acordamos de tantos momentos de ella.

Con Las alegres comadres de Windsor Shakespeare nos hizo sufrir mucho. Dice Chesterton que Falstaff tiene todos los defectos, menos la hipocresía. Su alegría nos ayudó a enfrentar un montaje realmente complejo.

El drama más duro fue Corrupción en el palacio de justicia. El autor, Ugo Betti, entra a fondo en lo más negro del corazón humano, y eso fue más exigente para la compañía de lo que habíamos imaginado. Pero Lope de Vega nos llenó de belleza después. Su palabra fue nuestro disfrute durante los ensayos de La hermosa fea. Y tras eso los hermanos Machado nos llevaron al sur de nuestra España con La Lola se va a los puertos, cargada de costumbrismo y de una simbología que tampoco ha sido fácil para nosotros. Ahora estamos en los orígenes del teatro con Antígona, de Sófocles.

Según tu opinión, ¿qué ofrece hoy el teatro?

Falstaff está en el suelo junto con otros personajes de la comedia " Las alegres comadres de Windsor" de William Shakespeare.Quizá los actores posean algo que sólo ellos pueden aportar a nuestro mundo de hoy: el vivir en el ahora, el estar atento al otro, a cada detalle, en un estado de continua disponibilidad de cuerpo y de espíritu… El confiar en que la entrega a la tarea tiene sentido por sí misma, aunque sólo requiera de algo tan pobre como el propio cuerpo, la voz, la imaginación, la voluntad y los afectos… El descubrir la verdad de las cosas, de la vida, del interior del corazón. No hay modo de montar una escena sin descubrir lo que de verdad, y no aparentemente, está sintiendo cada personaje, sus deseos más profundos, cómo le afecta lo que ocurre. Esto educa: se hace un poco más habitual buscar y enfrentar la profundidad de la verdad.

 

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